Son las rocas de la "transformación". Cualquier roca (ígnea, sedimentaria o incluso otra metamórfica) puede convertirse en una roca metamórfica si es sometida a altísimas presiones y/o temperaturas en el interior de la Tierra (por ejemplo, cuando chocan las placas tectónicas o cuando el magma se acerca a ellas).
Se dividen en dos subtipos según su textura:
A. Foliadas
Formación: La presión extrema obliga a los minerales a alinearse y aplastarse, dándole a la roca un aspecto de capas, bandas o láminas (como las hojas de un libro).
Ejemplos:
Pizarra: Proviene de la lutita (barro). Es muy dura, plana y oscura (se usaba para hacer los pizarrones escolares antiguos y tejados).
Esquisto: Los minerales crecen más y brillan, pareciendo escamas.
Gneis: Tiene bandas claras y oscuras alternadas muy características. Suele originarse a partir del metamorfismo del granito.
B. No Foliadas
Formación: Sus minerales no se alinean en capas, generalmente porque el calor fue más determinante que la presión direccional, formando rocas macizas.
Ejemplos:
Mármol: Proviene de la metamorfosis de la roca caliza. Es denso, hermoso y cristalino (usado en esculturas famosas y mesadas).
Cuarcita: Proviene de la arenisca. Es una roca excepcionalmente dura y resistente.