En biología, cuando hablamos de "Teoría de la Evolución", no usamos la palabra teoría como sinónimo de "suposición" o "adivinanza". En ciencia, una teoría es una explicación robusta respaldada por una inmensa cantidad de pruebas. La evolución (el proceso por el cual las poblaciones cambian a lo largo de las generaciones a partir de ancestros comunes) es un hecho comprobado. Para demostrarlo, los científicos no se basan en una sola prueba, sino en múltiples líneas de investigación independientes que llegan a la misma conclusión. Estas son las cinco evidencias principales:
Los fósiles son los restos o huellas de organismos que vivieron en el pasado, preservados generalmente en rocas sedimentarias.
La estratigrafía: Las rocas se forman en capas o "estratos". Por pura lógica, las capas más profundas son las más antiguas. Al observar los fósiles desde abajo hacia arriba, podemos ver cómo las formas de vida cambian gradualmente, desde organismos simples hasta más complejos.
Fósiles transicionales: Son fósiles que muestran características intermedias entre dos grupos de animales, demostrando cómo uno evolucionó del otro. Un ejemplo clásico es el Archaeopteryx (mitad reptil, mitad ave) o la serie de fósiles que muestra cómo los ancestros terrestres de las ballenas (como el Ambulocetus) fueron perdiendo sus patas y adaptándose al agua a lo largo de millones de años.
Esta disciplina compara las estructuras corporales de diferentes especies para encontrar parentescos evolutivos. Se divide en el estudio de tres tipos de órganos:
Órganos Homólogos (Mismo origen, distinta función): Son estructuras que por dentro tienen exactamente el mismo diseño óseo, pero por fuera se adaptaron para hacer cosas distintas. Ejemplo: el brazo humano para agarrar, el ala del murciélago para volar y la aleta de la ballena para nadar. Esto demuestra que los tres comparten un ancestro común que les heredó ese patrón de huesos (Evolución divergente).
Órganos Análogos (Distinto origen, misma función): Son estructuras que hacen lo mismo (como volar), pero no tienen el mismo diseño interno porque no comparten un ancestro evolutivo cercano. Ejemplo: el ala de un pájaro y el ala de un insecto (Evolución convergente).
Órganos Vestigiales: Son "restos evolutivos". Estructuras que alguna vez fueron útiles para un ancestro lejano, pero que hoy en día no tienen función o se han reducido. Ejemplo: el apéndice humano, las muelas del juicio, o los pequeños huesos de la pelvis y fémur que las ballenas aún tienen escondidos dentro de su cuerpo sin tocar el exterior.
La embriología estudia el desarrollo de los seres vivos desde que son un óvulo fecundado hasta su nacimiento. Al observar los embriones de diferentes animales vertebrados (peces, aves, cerdos, humanos) en sus etapas más tempranas, resulta casi imposible distinguirlos. Todos presentan estructuras similares, como hendiduras branquiales y cola. A medida que el embrión crece, el pez conserva sus branquias, pero el humano las transforma en estructuras del oído y la garganta, y pierde la cola. Estas similitudes tempranas ocurren porque todos seguimos las mismas "instrucciones de construcción" básicas heredadas de un antiguo ancestro común acuático.
La biogeografía estudia dónde viven los animales y plantas en el planeta y por qué. Si las especies hubieran aparecido de la nada de forma independiente, encontraríamos a los mismos animales en todos los continentes que tengan climas similares. Sin embargo, esto no ocurre. La distribución geográfica solo tiene sentido si tomamos en cuenta la deriva continental (el movimiento de las placas tectónicas) y la evolución.
El caso de Pangea: Existen aves gigantes no voladoras emparentadas (como el ñandú en Sudamérica, el avestruz en África y el emú en Australia). Es imposible que cruzaran los océanos actuales. Su existencia solo se explica porque evolucionaron a partir de un ancestro común cuando todos esos continentes estaban unidos formando un súper continente, y luego fueron separadas físicamente cuando la tierra se partió.
Es la evidencia más moderna y definitiva. Todos los seres vivos del planeta, desde una bacteria hasta un elefante, utilizan exactamente el mismo lenguaje genético: el ADN.
El reloj molecular: Los científicos pueden leer el código genético (las letras del ADN) o las proteínas de diferentes especies y compararlas. Cuantas menos diferencias existan en el ADN de dos especies, más cercano es su parentesco evolutivo.
Por ejemplo, si comparamos una proteína esencial para la respiración (el citocromo C), descubrimos que el ser humano y el chimpancé no tienen ninguna diferencia en su secuencia de aminoácidos, lo que confirma que somos familiares evolutivos extremadamente cercanos.
A partir de lo trabajado el día martes, relacionar los textos con cada uno de los departamentos trabajados, de manera grupal.